Millones son los muertos por el hambre en el continente negro. Décadas de pobreza y revoluciones han transformado varias regiones en infiernos. El llamado Cuerno de África, ocupado por Kenia, Etiopía, Djibuti y Uganda, tiene a 10 millones de hambrientos. La ayuda humanitaria llega a cuentagotas por las cuestiones internas de esos países y porque el dinero no es suficiente cuando hay una cadena de beneficiarios primero.
Somalia es la más afectada. Milicias islámicas impiden la entrada de alimentos al país. La maraña de conflictos políticos y guerras son inexplicables. En esas tierras la muerte puede ser de hambre, de enfermedad o por una bala. La vejez es algo extraño en esos pueblos olvidados del planeta.
Veo pasar por mi ciudad miles de camiones repletos de granos rumbo a los puertos para ser exportados. Mi ciudad ha crecido gracias al dinero de los productores agropecuarios en una región próspera y fértil. Lejos de ese Cuerno, el cuerno del diablo, con una naturaleza adversa a los humanos y con humanos adversos a la vida.
Ese continente es el origen de la raza humana, pero hoy también es su final. Mas de 10 millones de personas están afectadas por las graves hambrunas, nacidas de un cóctel único: sequias, inundaciones, plagas y conflictos políticos, revoluciones, guerras, traiciones… Naciones poliformes compiten en el ranking de las más pobres del orbe.
La última crisis alimentaria la está sufriendo Somalia, un territorio declarado por la ONU como zona de hambruna, pero la historia de ese flagelo se documenta desde 45 años atrás, cuando el mundo descubre el África famélico y violento, donde la muerte declara su ciudadanía absoluta.
Las multinacionales siguen explotando las riquezas minerales y petrolíferas de la región. Eso no ha cambiado. Estados Unidos es el principal donante de ayuda alimentaria, pero de cada dólar que regala, 60 centavos quedan en manos de los agricultores y navieros estadounidenses. Si comprasen los alimentos en regiones africanas multiplicarían su ayuda y
Pequeños África se esparcen por el mundo y aquí nomás, en mi propio país, otros chicos están pasando miseria por la indiferencia y la hipocresía. Ni en bonanzas, ni en crisis, sus vidas cambiaron. ¿Qué les importa la bolsa, el default de EUA o la caída del Euro? Nada los afecta, ya viven en el infierno
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