Este hecho genera una preocupación a escala mundial ya que provoca grandes cambios ambientales. Esto llevó a que dos equipos de científicos de la NASA observaran la reducción de las áreas verdes de la selva, y con ello llevar a cabo un informe posterior.
La sequía llegó a la región amazónica entre los meses de julio y agosto de 2010. En octubre del mismo año se pudieron ver cambios en la selva, llevando consigo mínimos vestigios de recuperación de la catástrofe.
Más allá del Amazonas, también se vio afectado el cauce de otros ríos pertenecientes a su cuenca, como por ejemplo el Río Negro, cuyo cauce empezó a verse reducido en agosto de 2010, llegando en octubre a un nivel sin precedentes, y logrando recuperarse a finales de octubre con la llegada de las lluvias.
Liang Xu, unos de los lideres de la investigación expuso que el verdor de la vegetación (considerada como una medida de su salud), se vio reducida en un área superior a tres veces y media del tamaño del Estado de Texas. Esto se traduce a una superficie aproximada de dos millones y medio de kilómetros cuadrados, lo cual supera en mas de cuatro veces el área que fue afectada en 2005.
No sólo nos encontramos con el problema de las sequías pasadas, sino que además se estiman otras sequías muy parecidas en el Amazonas en un futuro cercano, lo cual fue pronosticado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) perteneciente a las Naciones Unidas.
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